lunes 16 de noviembre de 2009

Felicidad!!!

El día de hoy definitivamente fue bueno, bastante agradable a decir verdad. Y no es que mis ruegos hayan sido escuchados pues de antemano sabía que esto iba a pasar, pero aún así me alegro bastante.

¿Y a que se debe esta repentina alegría y aparición de esta peatona?, se preguntarán ustedes... Pues sucede que la Feria del libro ya está en Oaxaca!!!


Ejem... Supuestamente es internacional, pero para poco más de una docena de stands, la mayoría de librerías locales (y miren que en Oaxaca no pululan las librerías), lo de internacional sale sobrando. Lo importante es que hay una feria del libro y eso, al menos para mi y mi sarta de amigos lecotres si que es agradable.


Bien, aparte de que ya están algunos expositores conocidos, lo que hizo de hoy un buen día fue que Rius dio una charla y después de varias risas, aplausos y sonoras carcajadas, hubo firma de autográfos.


Aquí la evidencia:
El caricaturista y humorista en sus propias palabras, complaciendo a los asistentes


Ejem... La imagen lo dice todo.

Saludos,

Yukino



sábado 31 de octubre de 2009

Helado de sabores



Para no desentonar con el ambiente tenebroso (y divertido) de estas fechas, y darle al amable lector una opción alterna a las películas (repetidas) que transmitirán este fin de semana, aquí les dejo un cuentito de mi autoría, que aunque no pone los pelos de punta, seguro si asusta la prosa mal escrita >.<

Saludos tenebrosos.

Yukino.
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Helado de sabores
Por Citlalli Serrano (<----- sí, este es mi nombre.)


Dos patrullas con las sirenas encendidas, se detuvieron enfrente del edificio marcado con el número ocho de la calle Maple. Bastó un sólo timbrazo para que la señorita Gertrudis, la portera amargada cuya única satisfacción en el mundo era cuidar de sus gatos e inmiscuirse en los asuntos de los demás; abriera de un jalón la puerta de su oscuro departamento oloroso a orines de gato. Inmediatamente entregó al oficial un fajo de llaves indicando cuál era la que abría el departamento y hasta los escoltó a la puerta. Fue ella quien tiempo después, se encargó de alimentar los rumores que hasta el día de hoy circulan por aquí.

Como es común en todos los casos que involucran sirenas y policías, en un santiamén se congregó un gran número de personas provenientes de los edificios y casas a lo largo y ancho de la calle Maple; cada quien tratando de indagar el motivo de las patrullas. Pero nadie, ni en sus más terribles pesadillas imaginó el horror del que seríamos testigos aquella noche en que la policía sacó el cuerpo cubierto de Sara Armenta, y quedarían grabados para siempre en nuestras mentes los gritos horrorizados de la familia de aquella infortunada muchacha.

Doce años después, en el sopor de un verano sumamente caluroso; sentada en la mecedora de mimbre que perteneció a mi madre, trataba de leer el periódico a cabezadas, mientras el radio sonaba una canción arrulladora desde la cocina. Fue entonces cuando di con aquel artículo que heló mi sangre como si me hubiese zambullido en una tina de helado de menta.

Aquello era sumamente horrible: “Encuentran chica muerta en un departamento. Madre e hija desaparecidas”; rezaba el diario y de inmediato recordé la noche en que Sara Armenta fue sacada del departamento del edificio ocho.

Todo comenzó el día en que apareció en los clasificados un anuncio solicitando una niñera por medio tiempo. La paga no era para morirse de envidia, pero para una estudiante con escaso presupuesto y algo de tiempo libre, aquello parecía un mensaje caído del cielo. Yo hubiese llamado de inmediato pero el anuncio era explícito; solicitaban a una chica y como ya estaba por jubilarme dejé el teléfono en su lugar. A los tres días, el anuncio había desaparecido del diario y en un paseo por el parque, me topé con Sara Armenta que llevaba de la mano a una niña de no más de cuatro años que sorbía ávidamente un helado rojo de cereza.

Aquella niña, de nombre Marina no me pareció en nada curiosa, ni siquiera despertaba simpatía como suelen hacerlo los niños a esa edad. Al contrario, sus labios coloreados en rojo por el helado, curvados en una sonrisa casi malvada mostraban lo que prometían ser los dientes más blancos y afilados que se hayan visto en un infante de esa edad. Su tez demasiado blanca y sus ojos, que por primera vez me miraron, me dejaron el alma cubierta de escarcha. Fue entonces cuando pensé que aquel pequeño ser bien podría pasar por una muñeca de porcelana, de aquellas que sólo se muestran en los aparadores, pero que nadie quiere sostener en brazos. No hicieron falta preguntas para saber que Sara había respondido al anuncio del diario ya que en un lugar como este, los clasificados suelen ser poco comunes y por lo mismo no duran mucho tiempo.

En las semanas siguientes, volví a verlas paseando por el parque, siempre a la puesta de sol. Pero a diferencia de las demás personas que se pasean por ahí con sus mascotas, o de los niños que suelen ir a divertirse un rato, pareciera que aquel par no era del todo feliz. Como siempre, la niña sorbía con tremenda avidez un helado que le coloreaba los labios de rojo, como si fuese su primer alimento en mucho tiempo. Por su parte, Sara comenzaba a palidecer y a bajar rápidamente de peso, sus rostro pálido lucía cansado y sus ojos mostraban las ojeras de quien ha pasado por una larga enfermedad.

Verla en aquel deprimente estado me causaba una mezcla de horror y tristeza. Así que en una ocasión, sin poder contenerme me acerqué a preguntarle si la escuela o el trabajo le estaban afectando. Pero Sara sólo me dedicó una débil sonrisa y apresuró el paso para alcanzar a Marina que la esperaba al otro lado de la acera, ladeándose el sombrero de verano que llevaba ese día a pesar de que el sol casi había desaparecido para dar paso a la noche. Al volverme, descubrí a la niña observándome con sus intensos ojos azules, cuya mirada parecía indicar la inesperada fatalidad pero que a la vez era inevitable no contemplar. Dios sabe cuánto tiempo me quedé observando esos ojos, pues sólo reaccioné hasta que sus labios se curvaron en aquella sonrisa torva y de su garganta brotó la risita más estridente que aún hoy retumba en mis oídos.

De haber sabido que esa sería la última vez que vería a Sara con vida, la habría acompañado a dejar a esa niña con su madre y me llevaría a Sara de vuelta con su familia. Incluso habría arrebatado a aquel ser de sus manos y dejarla abandonada a su suerte. Sin embargo, las cosas deben seguir su curso y la vida de Sara había llegado a su fin desde el día en que contestó al condenado anuncio del diario.
Nadie sabe que pasó con la mujer y la niña, pero cuando la policía sacó a Sara del departamento, éste se encontraba casi vacío. Sólo a mitad de la sala se encontraba un sofá sobre el que estaba tendido el cuerpo de Sara Armenta, cuyas manos sangrantes descansaban en el piso. Pero lo más espeluznante, era la nevera en cuyo interior fue hallado un gran tarro de helado rojo con el nombre de Sara escrito en una etiqueta.


p.s. En imagen, arte digital por Ray Caesar

jueves 29 de octubre de 2009

Recapitulando

Habiendo seguido los sabios consejos de Serrat, el jueves pasado me levanté con ánimos contagiosos, de esos medio sosos que plasman en nuestro rostro una sonrisa por casi todo. Apenas me hice consciente de los ruidos del exterior (es decir el trinar de los pájaros que aún sobreviven a la mancha urbana y se refugian por estos lares) y de estirarme y rodar un poco en la cama, me levanté de muy buen humor. Puse a medio volumen "Hoy puede ser un gran día" y me puse a cantar mientras iba de un lado a otro, haciendo la cama y cambiándome la pijama.
De verdad que todo apuntaba que el día iba a estar genial, había buen clima, fresquecito y el sol no quemaba, tuve un desayuno delicioso y después de leer un poco para mi tesis, acompañé a mi mamá al centro a hacer algunas compras...
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¡Ah! cruel destino, de saber lo que nos iba a pasar, habríamos dado medio vuelta apenas comenzó a cambiar el clima. De repente, el sol salió enojado y comenzó a concentrar su calor en las aceras de asfalto, la gente salía de sus trabajos y escuelas arremolinándose para llegar pronto a casa... Debimos haber dado media vuelta y regresar, pero por ahorrarnos unos pasos y protegernos del sol, nos metimos al mercado del centro, el Benito Juárez, que tanto nos gusta a oaxaqueños y turistas.
Pues ahí estábamos, dos peatonas caminando en el mercado que ya conocemos pero que no deja de asombrarnos... Y vaya sorpresa que nos llevamos cuando de repente, mi mamá siente que le arrancan los aretes y un mocoso de unos 12 años echa a correr. Apenas me di cuenta de lo que había pasado corrí tras el, pero cual rata que es, logró escabullirse en los pasillos y a pesar de mis gritos, nadie lo detuvo. Frustrada, furiosa y medio asustada regresé a casa pensando mil castigos que me gustaría aplicarle a ese ladrón... Pero de nada sirve que piense eso, pues bien podría estarse riendo en estos momentos y yo aquí preocupada contanto nuestra desventura.
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Ahora no me queda más que ir con cuidado y alerta, aunque eso será algo difícil para mi pues me encanta caminar y andar contemplado bobabas en la calle (jejeje). Eso sí, aunque nunca nos había pasado algo parecido, incluso en nuestras visitas al D.F (ni en el metro, vaya) y aunque haya pasado aquí, sigo enamorada (entre otras cosas y chicos platónicos) de esta ciudad.
Recuerden "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente"... ¡Rayos!
Saludos Peatoniles,
Yukino.

sábado 17 de octubre de 2009

Pies helados


¡Hey! Espero que se encuentren de maravilla y que a pesar del extraño clima que azota nuestro contaminado, agonizante, desigual pero esperanzado planeta, la estén pasando muy bien... Vale, eso no ayuda a levantar los ánimos pero ándale, una sonrisita ¿si? :)

En fin, después de algunos días de ausencia repentina (para variar) por una visita fugaz a LaSalle de Pachuca (mi papá ya terminó su maestría!!!) y una carrera "corre que el diablo te sigue" a la Feria internacional del libro en el Zócalo de la Cd. De México (uff, que nombre tan largo) estoy de vuelta en mi linda casita, con mis queridos libros empolvados y los que me traje de la feria ¡Ah! y con la novedad de que ya volvemos a tener agua corriente (del grifo) pues la nueva cisterna ya sirve... Muchas emociones para una semana jejeje.

¿Saben? esto de volver a tener agua corriente puede parecerles un poco absurdo, pero a como van las cosas en este planetita, no nos vendría nada mal probar una semana racionándol para vislumbrar lo que puede ser nuestro futuro no muy lejano (lamentablemente).

Bien dicen por ahí que nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido y esta peatona ya lo comprobó. Aunque desde pequeña me enseñaron a cuidar el agua, no fue sino hasta ahora que sentí los estragos agonizantes de la carencia de esta por todo un mes; afortunamente la naturaleza nos envió algunas lluvias por lo que pudimos recolectar suficiente agua (y bastante limpia, por cierto) para poder sobrevivir con los bolsillos intactos... Las pipas hicieron su agosto.

Aún ahora que el huracán rick está asolando las costas de Guerrero y supongo que a últimas horas ya tocó costas Oaxaqueñas, la lluvia sigue dejándose caer por estos lares (lo cual es genial, pues las plantas están hermosas), así que en casa hicimos el pacto de seguir recolectando el agua de lluvia para recordar el duro momento que nos tocó vivir (y pensar que hay millones de personas que "viven" con esa carencia todos los días). Así que por lo pronto, esta peatona y su familia no guardará el impermeable, aunque al final del día terminemos con los pies hechos paleta >.<

Lo que sí, Cuidar el agua y mantener la sonrisita (a nadie le hace mal).

Lo que no... Desperdiciar el agua y lucrar con ella ¬¬


Saludos peatoniles,

Yukino.
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P.s. En la foto: Faro encendido, Jardín "El Conzatti", Oaxaca.

jueves 8 de octubre de 2009

Yukino se encuentra con Apolo



Tras otra inesperada ausencia que de verdad no fue intencional, es decir, no se debió a algún enojo ni duda existencial como frecuentemente me pasa... En esta ocasión sólo me dediqué a hacer algunas cosas pendientes y dejar otras en pausa (y sin terminar, para variar), característica de mi personalidad supongo... En fin, que en estos días me la he pasado muy bien.
Para empezar pasé algunos días en casa de mi abuelo en Nejapa, una comunidad que queda justo a la mitad entre Oaxaca y Tehuantepec. En ese lugar he pasado varias de mis vacaciones de verano, navidades y algunos fines de semana en compañía de mi grande, ruidosa, escandolosa, pero muy divertida y medio "normal" familia ¿es que acaso las hay normales?

A decir verdad, la comunidad no tiene mucho de interés para los ojos turistas salvo dos ríos, uno de ellos medio seco y el otro a punto, varios terrenos de cultivo repletos de papayas, sandías, melones, mangos y todo árbol frutal que tenga a bien asentarse en esas tierras y regalarnos sus frutos; muuuchas personas muy agradables, creo que la décima parte del pueblo es mi familia, so es raro pues de repente me sale algún tío o tía que asegura me cargó cuando era bebé y claro está, yo no recuerdo pues mis primeros años viví en el D.F, de hecho nací ahí (plus para algún biógrafo que encuentre fascinante mi medio normal vida) gracias al trabajo de mi papá (y al Politécnico que nos da de comer).

¿Otro dato curioso? soy una niña del terremoto, así que soy sobrevieviente y supongo que suertuda también. Ah si, soy Leo (y tambié leo) y será coincidencia o destino, pero mi temperamento es fuerte aunque la mayor parte del tiempo soy muy pasiva como un estanque en reposo, pero ya sabemos que pasa cuando arrojan una piedra... Especialmente si esa piedra es mi sobrino Vladimir a quien aclaro, quiero bastante, pero todo tiene límites.

Vladi es el hijo de una de mis primas y viven en casa de mi abuelo... Últimamente mis estancias en ese lugar se tornan poco agradables por las constantes peleas entre madre e hijo (de 10 años). Mis pocas lectoras podrán decir que los niños con amor y paciencia se educan, pero en su caso se ha intentado de todo, amor, psicología inversa, castigos, recompensas, sesiones con una psicóloga, regaños y los menos pacientes manotazos... ¡Ah! porque el chico aprendió a pegar y encapricharse desde muy pequeño y con la sobreprotección de la mamá a salirse con la suya. Lamentablemente mi prima es quien sufre las consecuencias, pero sinceramente toda la familia está librando la batalla. En mi caso el "ojo por ojo y diente por diente" logró salvarme de sus golpes y de paso aprendió a tratarme con cierto respeto... Hasta ahora.
Dicen que los niños son amorosos, tiernos e inocentes, pero también pueden ser muy perversos. Lo que empañó mi visita fue una de sus maneras de salirse con la suya: Tras gritarle a su mamá (¡Cállate la $"!#!"$ boca!), exigir comida especial después decir improperios de la que ya estaba preparada, salirse a jugar sin permiso, y de regreso sentarse a holgazanear y poner música a todo volumen mientras nos veía con una mirada de victoria. Mi prima, al borde de la desesperación, me pidió que lo pusiera a hacer la tarea...

¡Ay de mi! era el momento para que mi prima se hiciera respetar como madre, pero me conmovió verla tan desesperada. Mis dulces palabras no sirvieron para hacerle bajar el volumen y menos para hacer la tarea así que desconecté el aparato y saqué el disco, pero él corrió a tomar mi celular y amenzar con destruirlo; no es que sea amante de ese aparato, pero me costó lo suficiente como para preocuparme, además soy la adulta ¿no?.. de nada sirvió pues su mamá se deslindó y nos dejó a los dos cual vaqueros a punto de disparar. Mi gatito había dado paso a mi león interno que me instaba a lanzarme y perseguirlo de ser necesario, pero haciendo un gran esfuerzo (aquí merezco aplausos) me di la vuelta y coloqué el disco en su lugar y tras una mirada retadora sólo pude decirle: Tu y yo, ya no tenemos nada en común.

Hacía mucho que mis lágrimas no me sabían tan amargas y aunque parezca cosa de nada, me dolió bastante que un niño tan pequeño pueda ser tan perverso. Desde ese momento comencé a ingnorarlo, cosa que hasta molestó a mi prima, pero al parecer sirvió pues Vladi se medio comportó en adelante. Mi silencio fue roto después de que se rompiera la ceja por andar en bicicleta; esa noche, al regresar de la clínica con algunas puntadas volví a hablarle, aunque no pude evitar esbozar una sonrisa de satisfacción a pesar de que finalmente se salió con la suya, pues se negó a hacer la tarea, no así a ver televisión o irse a dormir. Claro está, al día siguiente volvieron a sonar los gritos... Eso sí, ese día mi mamá y yo regresamos a casa, donde afortunadamente hay paz.

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Saludos desesperados,

Yukino.

P.s. Y para que vean que tengo paz les pongo una fotito que tomé el día de hoy, caminando por el centro.
En la foto: Fachada del Templo de Sto. Domingo de Guzmán, Oaxaca.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Cambios 1

Por ahí dicen que después de la tormenta, viene la calma. Por lo pronto en mi casa, aunque no hay tormenta, la calma está a un paso de llegar, retrasada sólo un turno por culpa de las eventualidades que traen consigo las lluvias. Para empezar, descubrimos que hay filtración en una de las paredes del estudio, por lo que tuvimos que remover algunos de nuestros queridos libros (por si acaso) y archiveros de cartón repletos de infinidad de cosas; desde cuadernos de mis pasos por la secundaria y la prepa, carpetas de argollas de mis semestres en la unversidad, hasta revistas de mil temas y de paso, mis queridos cómics y mangas ("comic japonés") de mi época friki; de ésta algo me queda aún, pero ya no suelo reflejarlo en acumular objetos "coleccionables" y muy de vez en cuando, me detengo a ver algún ánime que en otros tiempos me tenía en suspenso.
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A la vista de tantos tesoros y chucherías en papel, recordé varias etapas de mi vida, y cuánto me reí por algunas bromas y ocurrencias de mi adolescencia. Aunque soy joven (en tesis) y espero serlo por mucho tiempo, no pude evitar sentir cierta nostalgia por años pasados. Cuando llenar el álbum de estampas de sailor moon era mi vicio en primero de secundaria, mientras me daba de topes con las ecuaciones y más tarde dirigí unos cuantos insultos al condenado "álgebra de baldor"; pero qué elogios me gané en mis clases de literatura, historia y demás ciencias sociales... ¡Ah dichoso bubaloo de fresa! que endulzó mis ratos más amargos y cuántas plumas de colores alegraron mis libretas y cartitas.
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En fin que muchas de esas cosas, ya las separé concienzudamente para que el recolector de basura haga buen uso de ese papel. Y en cuanto a las hojas limpias de mis libretas, pienso obtener algunas libretitas monas para obsequiar después.
Eso del reciclaje y la reutilización no deberían ser una moda u otra opción, sino una obligación, cuando menos moral. Por lo pronto, otra gran cantidad de papel será destinado a cierto amigo artista cuya alegría se ha hecho más grande, pues su querida y verde iguana perdida (ejem, extraviada quiero decir) regresó a su antiguo hogar.
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¡Qué buen final! ¿no les parece?
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Saludos,
Yukino.
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martes 8 de septiembre de 2009

Días de lluvia



En estos días de chubascos repentinos ó anunciados, eso de ser peatona se vuelve un poco complicado; sin embargo, como en todo recorrido, las aventuras y sorpresas no se hacen esperar. A decir verdad, los días nublados son mis favoritos, me encanta el clima fresco, el vientecito agitado (no tormentoso). lo nostálgico del cielo y por si fuera poco, son días ideales para tomar fotografías debido a la calidad de la luz.... O bueno, al menos no salen quemadas por exceso de luz.
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Lo que ha hecho particular estos días de lluvia, es que en esta ocasión no me quedé tan tranquila contemplando el caer de las gotas a través de mi ventana, donde hace calientito... En época soy como un gatito, no me gusta mojarme en la lluvia, por eso de terminar como sopa. Pero esta ocasión fue diferente. No superé ninguna aversión como el gato al agua, porque no la hay; más bien, me aventuré a mojarme por necesidad... Así es, nos estamos quedando sin agua.
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Posiblemente a la persona que se encarga de abrir la llave para enviar el agua a mi fraccionamiento le dio amnesia, pues ya llevamos dos semanas sin recibir gota alguna que no caiga del cielo. Pero bien dicen que la naturaleza provee y la necesidad humana es la madre del ingenio (esta fue de mi haber), así que viendo tanta agua caer del tejado, es una grosería dejarla correr a la coladera en tremendo desabasto. Por lo que esta vez, me armé con una chamarra "impermeable" (menuda patraña, de todas formas terminé mojada) y me puse a colocar baldes y contenedores en mi jardín y bajo el tejado a fin de recolectar la mayor cantidad de agua posible. Curiosamente, el agua de lluvia está más limpia que el agua que aveces traen las pipas para mis vecinos menos ingeniosos, inconscientes y supongo que más billetudos.
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Lo que sí, es que no está de más pasar el agua de lluvia por un filtro, por si acaso.
Lo que no, es seguir desperdiciando el agua como hasta ahora lo vienen haciendo muchas personas inconscientes, poco me falta para que ponga un cártel en mi ventana que diga¡Así te sentirás cuando no la tengas..! Pero se puede mal interpretar, así que mejor predicamos con el ejemplo. Recolectamos el agua que la buena naturaleza aún nos envía y controlamos nuestro consumo.
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Por lo pronto, esta peatona se despide, esperando que siga lloviendo por estos lares para así no quedarnos sin agua jejeje.
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Saludos ecológicos.
Yukino.
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p.s. En la foto: Campanario de la iglesia del "Carmen Bajo", Oaxaca.