lunes, 3 de mayo de 2010

Días de fiesta...

Bien dicen que los mexicanos andamos de fiesta en fiesta, de pachanga en pachanga y hasta del velorio armamos alboroto. Claro que con tantos santorales, días de "profesión" (como el del maestro y la secretaria), de mercadotecnia (día del amor y la amistad ¿qué onda con eso?), institucionales y los ya famosos puentes (ah, que delicia) no me cabe la menor duda de habernos ganado el calificativo de "fiesteros" jejeje.
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Al parecer en Oaxaca nos tomamos en serio eso de hacer fiesta en cualquier época del año, y para no quedarnos atrás; este mes tenemos en "cartelera" el festival Humánitas, que reúne a un país invitado (Colombia), un estado mexicano (Yucatán) y una región oaxaqueña (Valles centrales) para compartir parte de su cultura en un marco de convivencia y fraternidad. La idea es hacer un intercambio cultural que involucra diversas actividades que van desde exposiciones pictóricas, muestras de danza, pláticas y conferencias, conciertos, obras de teatro y en esta ocasión Oaxaca es sede del festival internacional de cuenta cuentos 2010, por lo que habrá varios momentos para recordar nuestra niñez y darle gusto al niño que llevamos dentro y si es el caso, al niño que lleven de la mano.
Así que gente de Oaxaca y de fuera, si no tienen pensado algo para sus tardes de ocio o tienen tiempo para viajar el fin de semana, vénganse 'pa estos lares, que acá andamos de fiesta.
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Tienen hasta el martes 11 de mayo para aprovechar esta algarabía de eventos culturales y folklore mexico- colombiano.
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Saludos peatoniles.
Yukino.

domingo, 18 de abril de 2010

Frutos rojos en mi jardín





A pesar de los constantes cambios climáticos debido al calentamiento global; la vida en nuestro planeta sigue (no con mucha ayuda de nosotros) y entre lluvias repentinas y calores extremos, la primavera se hace presente llenando de vida cualquier espacio con tierra a bien llamarse "verde" en las junglas de cemento que habitamos.

Honestamente, la humanidad se ha desentendido bastante del cuidado de nuestro hogar y aunque hay algunas organizaciones civiles y personas que han cambiado su estilo de vida por uno más amigable con el planeta, los esfuerzos de unos cuantos no logran hacer una gran diferencia entre un mar de personas indiferentes. De las autoridades mejor ni hablo, pues el tema parece no tener cabida en las promesas de campaña y menos en las acciones de gobierno, con eso de que la amnesia es un mal constante y crónico entre la societé gobernante.


Pero como este blog no trata de quejas (no siempre) y como es domingo en la noche, el chiste es darnos ánimos para empezar la semana. Por lo que les presumo una fotito de la mini cosecha que he comenzado a recolectar en mi jardín.

Sabrán ustedes, queridos lectores y lectoras que entre los pasatiempos que tengo está la agricultura urbana, o lo que se le parezca pues por falta de espacio sólo he podido sembrar una frambuesa en la jardinera de mi casa y algunos tomates y hierbas de olor en macetas y botes de agua vacíos, No es mucho pero por algo se empieza y tal vez, con el tiempo hasta logremos hacer un jardín vertical, sería genial ¿no creen?
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Saludos peatoniles,
Yukino.


sábado, 13 de febrero de 2010

¡Hostias!

Tanto tiempo fuera, y esto me parece extraño. Pero esta peatona ha regresado.

Saludos peatoniles.


Yukino

lunes, 16 de noviembre de 2009

Felicidad!!!

El día de hoy definitivamente fue bueno, bastante agradable a decir verdad. Y no es que mis ruegos hayan sido escuchados pues de antemano sabía que esto iba a pasar, pero aún así me alegro bastante.

¿Y a que se debe esta repentina alegría y aparición de esta peatona?, se preguntarán ustedes... Pues sucede que la Feria del libro ya está en Oaxaca!!!


Ejem... Supuestamente es internacional, pero para poco más de una docena de stands, la mayoría de librerías locales (y miren que en Oaxaca no pululan las librerías), lo de internacional sale sobrando. Lo importante es que hay una feria del libro y eso, al menos para mi y mi sarta de amigos lecotres si que es agradable.


Bien, aparte de que ya están algunos expositores conocidos, lo que hizo de hoy un buen día fue que Rius dio una charla y después de varias risas, aplausos y sonoras carcajadas, hubo firma de autográfos.


Aquí la evidencia:
El caricaturista y humorista en sus propias palabras, complaciendo a los asistentes


Ejem... La imagen lo dice todo.

Saludos,

Yukino



sábado, 31 de octubre de 2009

Helado de sabores



Para no desentonar con el ambiente tenebroso (y divertido) de estas fechas, y darle al amable lector una opción alterna a las películas (repetidas) que transmitirán este fin de semana, aquí les dejo un cuentito de mi autoría, que aunque no pone los pelos de punta, seguro si asusta la prosa mal escrita >.<

Saludos tenebrosos.

Yukino.
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Helado de sabores
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Dos patrullas con las sirenas encendidas, se detuvieron enfrente del edificio marcado con el número ocho de la calle Maple. Bastó un sólo timbrazo para que la señorita Gertrudis, la portera amargada cuya única satisfacción en el mundo era cuidar de sus gatos e inmiscuirse en los asuntos de los demás; abriera de un jalón la puerta de su oscuro departamento oloroso a orines de gato. Inmediatamente entregó al oficial un fajo de llaves indicando cuál era la que abría el departamento y hasta los escoltó a la puerta. Fue ella quien tiempo después, se encargó de alimentar los rumores que hasta el día de hoy circulan por aquí.

Como es común en todos los casos que involucran sirenas y policías, en un santiamén se congregó un gran número de personas provenientes de los edificios y casas a lo largo y ancho de la calle Maple; cada quien tratando de indagar el motivo de las patrullas. Pero nadie, ni en sus más terribles pesadillas imaginó el horror del que seríamos testigos aquella noche en que la policía sacó el cuerpo cubierto de Sara Armenta, y quedarían grabados para siempre en nuestras mentes los gritos horrorizados de la familia de aquella infortunada muchacha.

Doce años después, en el sopor de un verano sumamente caluroso; sentada en la mecedora de mimbre que perteneció a mi madre, trataba de leer el periódico a cabezadas, mientras el radio sonaba una canción arrulladora desde la cocina. Fue entonces cuando di con aquel artículo que heló mi sangre como si me hubiese zambullido en una tina de helado de menta.

Aquello era sumamente horrible: “Encuentran chica muerta en un departamento. Madre e hija desaparecidas”; rezaba el diario y de inmediato recordé la noche en que Sara Armenta fue sacada del departamento del edificio ocho.

Todo comenzó el día en que apareció en los clasificados un anuncio solicitando una niñera por medio tiempo. La paga no era para morirse de envidia, pero para una estudiante con escaso presupuesto y algo de tiempo libre, aquello parecía un mensaje caído del cielo. Yo hubiese llamado de inmediato pero el anuncio era explícito; solicitaban a una chica y como ya estaba por jubilarme dejé el teléfono en su lugar. A los tres días, el anuncio había desaparecido del diario y en un paseo por el parque, me topé con Sara Armenta que llevaba de la mano a una niña de no más de cuatro años que sorbía ávidamente un helado rojo de cereza.

Aquella niña, de nombre Marina no me pareció en nada curiosa, ni siquiera despertaba simpatía como suelen hacerlo los niños a esa edad. Al contrario, sus labios coloreados en rojo por el helado, curvados en una sonrisa casi malvada mostraban lo que prometían ser los dientes más blancos y afilados que se hayan visto en un infante de esa edad. Su tez demasiado blanca y sus ojos, que por primera vez me miraron, me dejaron el alma cubierta de escarcha. Fue entonces cuando pensé que aquel pequeño ser bien podría pasar por una muñeca de porcelana, de aquellas que sólo se muestran en los aparadores, pero que nadie quiere sostener en brazos. No hicieron falta preguntas para saber que Sara había respondido al anuncio del diario ya que en un lugar como este, los clasificados suelen ser poco comunes y por lo mismo no duran mucho tiempo.

En las semanas siguientes, volví a verlas paseando por el parque, siempre a la puesta de sol. Pero a diferencia de las demás personas que se pasean por ahí con sus mascotas, o de los niños que suelen ir a divertirse un rato, pareciera que aquel par no era del todo feliz. Como siempre, la niña sorbía con tremenda avidez un helado que le coloreaba los labios de rojo, como si fuese su primer alimento en mucho tiempo. Por su parte, Sara comenzaba a palidecer y a bajar rápidamente de peso, sus rostro pálido lucía cansado y sus ojos mostraban las ojeras de quien ha pasado por una larga enfermedad.

Verla en aquel deprimente estado me causaba una mezcla de horror y tristeza. Así que en una ocasión, sin poder contenerme me acerqué a preguntarle si la escuela o el trabajo le estaban afectando. Pero Sara sólo me dedicó una débil sonrisa y apresuró el paso para alcanzar a Marina que la esperaba al otro lado de la acera, ladeándose el sombrero de verano que llevaba ese día a pesar de que el sol casi había desaparecido para dar paso a la noche. Al volverme, descubrí a la niña observándome con sus intensos ojos azules, cuya mirada parecía indicar la inesperada fatalidad pero que a la vez era inevitable no contemplar. Dios sabe cuánto tiempo me quedé observando esos ojos, pues sólo reaccioné hasta que sus labios se curvaron en aquella sonrisa torva y de su garganta brotó la risita más estridente que aún hoy retumba en mis oídos.

De haber sabido que esa sería la última vez que vería a Sara con vida, la habría acompañado a dejar a esa niña con su madre y me llevaría a Sara de vuelta con su familia. Incluso habría arrebatado a aquel ser de sus manos y dejarla abandonada a su suerte. Sin embargo, las cosas deben seguir su curso y la vida de Sara había llegado a su fin desde el día en que contestó al condenado anuncio del diario.
Nadie sabe que pasó con la mujer y la niña, pero cuando la policía sacó a Sara del departamento, éste se encontraba casi vacío. Sólo a mitad de la sala se encontraba un sofá sobre el que estaba tendido el cuerpo de Sara Armenta, cuyas manos sangrantes descansaban en el piso. Pero lo más espeluznante, era la nevera en cuyo interior fue hallado un gran tarro de helado rojo con el nombre de Sara escrito en una etiqueta.


p.s. En imagen, arte digital por Ray Caesar

jueves, 29 de octubre de 2009

Recapitulando

Habiendo seguido los sabios consejos de Serrat, el jueves pasado me levanté con ánimos contagiosos, de esos medio sosos que plasman en nuestro rostro una sonrisa por casi todo. Apenas me hice consciente de los ruidos del exterior (es decir el trinar de los pájaros que aún sobreviven a la mancha urbana y se refugian por estos lares) y de estirarme y rodar un poco en la cama, me levanté de muy buen humor. Puse a medio volumen "Hoy puede ser un gran día" y me puse a cantar mientras iba de un lado a otro, haciendo la cama y cambiándome la pijama.
De verdad que todo apuntaba que el día iba a estar genial, había buen clima, fresquecito y el sol no quemaba, tuve un desayuno delicioso y después de leer un poco para mi tesis, acompañé a mi mamá al centro a hacer algunas compras...
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¡Ah! cruel destino, de saber lo que nos iba a pasar, habríamos dado medio vuelta apenas comenzó a cambiar el clima. De repente, el sol salió enojado y comenzó a concentrar su calor en las aceras de asfalto, la gente salía de sus trabajos y escuelas arremolinándose para llegar pronto a casa... Debimos haber dado media vuelta y regresar, pero por ahorrarnos unos pasos y protegernos del sol, nos metimos al mercado del centro, el Benito Juárez, que tanto nos gusta a oaxaqueños y turistas.
Pues ahí estábamos, dos peatonas caminando en el mercado que ya conocemos pero que no deja de asombrarnos... Y vaya sorpresa que nos llevamos cuando de repente, mi mamá siente que le arrancan los aretes y un mocoso de unos 12 años echa a correr. Apenas me di cuenta de lo que había pasado corrí tras el, pero cual rata que es, logró escabullirse en los pasillos y a pesar de mis gritos, nadie lo detuvo. Frustrada, furiosa y medio asustada regresé a casa pensando mil castigos que me gustaría aplicarle a ese ladrón... Pero de nada sirve que piense eso, pues bien podría estarse riendo en estos momentos y yo aquí preocupada contanto nuestra desventura.
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Ahora no me queda más que ir con cuidado y alerta, aunque eso será algo difícil para mi pues me encanta caminar y andar contemplado bobabas en la calle (jejeje). Eso sí, aunque nunca nos había pasado algo parecido, incluso en nuestras visitas al D.F (ni en el metro, vaya) y aunque haya pasado aquí, sigo enamorada (entre otras cosas y chicos platónicos) de esta ciudad.
Recuerden "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente"... ¡Rayos!
Saludos Peatoniles,
Yukino.

sábado, 17 de octubre de 2009

Pies helados


¡Hey! Espero que se encuentren de maravilla y que a pesar del extraño clima que azota nuestro contaminado, agonizante, desigual pero esperanzado planeta, la estén pasando muy bien... Vale, eso no ayuda a levantar los ánimos pero ándale, una sonrisita ¿si? :)

En fin, después de algunos días de ausencia repentina (para variar) por una visita fugaz a LaSalle de Pachuca (mi papá ya terminó su maestría!!!) y una carrera "corre que el diablo te sigue" a la Feria internacional del libro en el Zócalo de la Cd. De México (uff, que nombre tan largo) estoy de vuelta en mi linda casita, con mis queridos libros empolvados y los que me traje de la feria ¡Ah! y con la novedad de que ya volvemos a tener agua corriente (del grifo) pues la nueva cisterna ya sirve... Muchas emociones para una semana jejeje.

¿Saben? esto de volver a tener agua corriente puede parecerles un poco absurdo, pero a como van las cosas en este planetita, no nos vendría nada mal probar una semana racionándol para vislumbrar lo que puede ser nuestro futuro no muy lejano (lamentablemente).

Bien dicen por ahí que nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido y esta peatona ya lo comprobó. Aunque desde pequeña me enseñaron a cuidar el agua, no fue sino hasta ahora que sentí los estragos agonizantes de la carencia de esta por todo un mes; afortunamente la naturaleza nos envió algunas lluvias por lo que pudimos recolectar suficiente agua (y bastante limpia, por cierto) para poder sobrevivir con los bolsillos intactos... Las pipas hicieron su agosto.

Aún ahora que el huracán rick está asolando las costas de Guerrero y supongo que a últimas horas ya tocó costas Oaxaqueñas, la lluvia sigue dejándose caer por estos lares (lo cual es genial, pues las plantas están hermosas), así que en casa hicimos el pacto de seguir recolectando el agua de lluvia para recordar el duro momento que nos tocó vivir (y pensar que hay millones de personas que "viven" con esa carencia todos los días). Así que por lo pronto, esta peatona y su familia no guardará el impermeable, aunque al final del día terminemos con los pies hechos paleta >.<

Lo que sí, Cuidar el agua y mantener la sonrisita (a nadie le hace mal).

Lo que no... Desperdiciar el agua y lucrar con ella ¬¬


Saludos peatoniles,

Yukino.
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P.s. En la foto: Faro encendido, Jardín "El Conzatti", Oaxaca.